viernes, 29 de enero de 2010

Caminante no hay camino




Andrés Ignacio Rivera es un hombre transexual. El largo camino que lo llevó a obtener sus derechos en un contexto médico y legal tremendamente hostil es ahora un sendero bastante más llano para otras personas en Chile. En el marco del encuentro organizado en Buenos Aires por Mulabi, “Documentando y analizando las mejores prácticas para el avance de los derechos humanos relacionados con la orientacion sexual y la expresión/ identidad de género”, el activista chileno habló con SOY sobre algunos de sus pasos.



Por Diana Sacayán

Bueno, presentate, contame quién sos, de qué país venís, a qué organizaciones pertenecés y por qué...

—Desde el 4 de mayo de 1997 mi nombre es Andrés Ignacio Rivera, luego de una lucha tremenda de casi 5 años en los tribunales. Soy un hombre transexual, fundador y presidente de la Organización de Transexuales por la Dignidad y Diversidad de Chile.

¿Son todos hombres trans?

—Desde 2005, cuando la fundamos hasta el 2008 éramos sólo una organización de hombres transexuales. Pero en 2008 se sumó Victoria Llane, una mujer transexual que ha sido para nosotros un tremendo aporte, pero además un aprendizaje, un crecimiento para la organización que ahora es una organización de personas transexuales, hombres y mujeres.

¿Cuál es la importancia de ese 4 de mayo no sólo para vos sino para otros y otras transexuales de Chile?

—El 4 de mayo de 2007 fui el primer hombre transexual que obtiene su

cambio de nombre sin operación de readecuación sexual. Esto es importante porque logré demostrar en la Justicia que no necesito tener un pene o un miembro para ser hombre, sino que el ser hombre o el ser mujer va más allá de los genitales.

¿No tenés ninguna cirugía?

—Me hice la mastectomía, que es sacarme las glándulas mamarias. Me hice la histerectomía, que es sacarme el útero y ovarios, pero sigo teniendo genitales femeninos, no me hice la operación de tener genitales masculinos.

¿Qué fue lo peor de la batalla legal?

—Fue todo bastante duro. La mentalidad de la Justicia en Chile se basa en que el hombre debe tener genitales masculinos y la mujer genitales femeninos. Los conceptos pasan también por un machismo excesivo y conservador de la sociedad en nuestro país. Pero yo creo que lo más humillante y lo más doloroso son las vejaciones a las que somos sometidos en este proceso.

Habrás tenido que pasar por revisaciones médicas...

—Muchas. Una de ellas es una evaluación forense que se lleva a cabo en el Instituto Médico Legal, que es el Centro Médico de Chile. Hicieron que yo me desnudara, me sacaron fotos anales, me hicieron tacto anal, porque ellos no sólo querían ver que yo era una persona transexual, sino que además yo tenía que demostrar que era virgen. Querían ver si había tenido relaciones anales. Si había tenido relaciones vaginales no era transexual. Me introdujeron un espéculo, que es un aparato médico que les introducen a la mujeres para hacer muestras internas y obviamente el especulo rompió todo cuando entró. Allí el médico se quedó tranquilo mientras constataba diciéndome, “ha sangrado”. Me provocó un desgarro que tuve que tratármelo posterior a ese examen. Uno tiene ciertos cuidados con su cuerpo, entonces el estar expuesto a que le hagan a uno esto, es una situación de vejación. Yo diría que de todo el proceso esto es lo peor que me ha pasado. Entre otras cosas, como médicos que no quieren atenderte, psicólogos que te tratan en femenino.

¿Se siguen haciendo en Chile este tipo de revisaciones?

—Bueno, esta situación me sirvió para demostrar ante la ley, la falta de ética de este modo de tratar a las personas. Hoy ese médico no está realizando exámenes de peritaje y además, presentamos un escrito en los tribunales, dimos a conocer esta violación, porque para mí fue una violación física y moral. Dejamos en claro que este trato vejatorio no es un trato digno para un ser humano, sea transexual, heterosexual, bisexual, etcétera. Hoy se está haciendo un protocolo médico de evaluación donde indicamos paso a paso qué es lo que debe hacer un médico cuando evalúa la identidad de género.

¿Cuáles son esos pasos?

—En este caso el médico lo único que tenía que certificar era que yo no tuviese glándulas mamarias. Por medio de una ecografía determinar si tenía o no ovarios. Ahora se ha quitado todo el examen físico y con él, la vejación a la que estábamos expuestos.

Finalmente obtuviste tu nombre propio, se hizo justicia.

—No es justicia, el hecho de que yo obtenga mi cambio de nombre no es justicia, es un derecho. La justicia es la que voy a buscar ahora para que no ocurran estos tipos de situaciones. Es complicado que sea esta propia justicia la que cometa estos tipos de violaciones de derechos humanos.

¿Qué experiencias concretas de Buenas Practicas viniste a presentar al Congreso?

—Básicamente, tres experiencias de incidencia en la política pública que está llevando adelante nuestra organización. Una de ellas es lograr trabajar con el Servicio Nacional de la Mujer, que se creó después de la dictadura, como una forma de buscar el respeto y la igualdad de género. Las mujeres son capacitadas gratuitamente en oficios que les permiten después crear sus microempresas, tienen prestamos del Estado para poder hacer andar esas microempresas, tiene atención psicológica, son preparadas en cursos de liderazgo desarrollo personal, autoestima, pueden tener reconocimiento a sus años de estudios si han dejado de estudiar. Pero tiene una cláusula que dice que sólo las mujeres biológicas son las que pueden estar en esos programas.

¿Y entonces?

—Te imaginás que es un programa muy útil especialmente para las mujeres trans, ya que si lográbamos integrarlas significaba que les estábamos dando herramientas, no sólo para que se capacitaran, sino que además pudieran estudiar. Empezamos con reuniones con los directores regionales, después seguimos con la capacitación a todo el personal que trabaja con el Servicio Nacional de las Mujeres y finalmente llegamos a un convenio de acuerdo donde las mujeres transexuales pudieron insertarse. Lo más simpático de esto es que la primera mujer transexual que se integra, cuando va y da su documento en el sistema salta que es un nombre de varón. El sistema la rechazó de inmediato y entonces tuvimos que volver a tener conversaciones y esas cosas. Al fin llegamos al acuerdo de que ahora ingresan con su nombre y no con el que figura en el documento. Esto lo hicimos en una región, ahora queremos hacerlo a nivel nacional.

¿En qué consiste la experiencia Chile Deporte?

—Es una dirección que se creó para potenciar el deporte en Chile y lo hace a través de convenio con algunas organizaciones, como la organización de discapacitados, de rehabilitados alcohólicos. Nosotros dijimos, ¿por qué no? Entonces hicimos una presentación donde contábamos lo importante que es el gimnasio para una persona transexual. En el caso de los hombres transexuales, necesitamos fortalecer los pectorales después de la operación, las dosis de testosterona crean un problema de obesidad, y una forma de controlarla aparte de la nutrición son los ejercicios. En el caso de las mujeres transexuales, está lo referente al hormonal y también al tema estético.

¿Cómo fue la recepción en el Programa?

—Chile Deporte dijo que bueno, que lo iban a intentar pero que “tenemos que ver qué pasa con la gente que va al gimnasio”. Nos ofrecieron un día y un horario muy poco concurridos. Yo dije que no, queremos el día más concurrido y a la hora de mayor público. Y así fue. El primer día todos estaban preocupados en mirar a qué baños iríamos, la primera semana fue bastante difícil y sobre todo para las mujeres transexuales. Ellas tenían encima la mirada inquisidora, las actitudes burlescas. Pero ya la segunda semana todo cambió porque también se dieron cuenta de que somos tipos y tipas supernormales que hacemos ejercicio con ellas, nos reímos con ellas, hacemos bromas, también nos cansamos. La segunda semana fue increíble, y hoy en día estamos renovando el convenio para 2010.

¿Y la tercera experiencia?

—Y bueno, después de tantas experiencias exitosas decidimos integrarnos en el área de la juventud. El Instituto Nacional de la Juventud tiene una línea fundamental que es el reconocimiento de los derechos de los jóvenes. Bajo ese prisma nosotros dijimos bueno, no dice en ningún lado si esos jóvenes deben ser heterosexuales, gays, lesbianas, transexuales. Y allí fuimos con nuestra carpetita. La directora regional nos escuchó y al fin nos dijo, bueno, tienen toda la razón, ¿qué es lo que quieren? Yo le dije, díganos qué tiene usted para ofrecernos. Llegamos a un acuerdo. Ellos tienen un estudio de música que es uno de los mejores de la región, vamos a grabar un disco hecho con temas relacionados con la discriminación y con nuestra lucha, con letra y música escrita por nosotros. Cantamos nosotros y estamos integrando familiares.

¿Hijos?

—Sí, claro, nuestros hijos, los que son músicos, participan tocando los instrumentos. l

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